El primer bloque fue participativo: padres y madres compartieron anĂ©cdotas breves sobre momentos en que la tecnologĂa tensionĂł la convivencia. Un padre relatĂł cĂłmo el silencio de la casa, tras prohibir el telĂ©fono, terminĂł en juegos de mesa improvisados; una madre contĂł la pequeña victoria de leer con su hija una historia cada noche antes de acostarse. Entre risas y algĂşn que otro suspiro, emergieron patrones: reglas poco claras, lĂmites inconsistentes y la sensaciĂłn comĂşn de culpa por no saber “hacerlo todo bien”.