Mateo estaba sentado en su escritorio, rodeado de tazas vacías de café y de una montaña de papeles que había acumulado en los últimos meses de trabajo. El ruido constante de la ciudad se filtraba a través de la ventana, pero en su cabeza solo resonaba una melodía que había escuchado hace años: el icónico sonido de la Cortana iniciando el menú de Halo .